Su sueño de adolescente era poder un día estrenar ropa bonita, y por qué no, tener unos zapatos Nike como los que lucía una de las chicas bien del pobre colegio donde estudió.
Pocos años después se fue de “huida” en medio de la noche hacía lo que considero su salvación. No reconoce haberse enamorado porque dice que vio en él a un hombre trabajador que podría darle para los estrenos y “andar bonita”, como no podían hacerlo sus padres.
Pero no fue así. El tipo como “buen macho” se emborrachaba cada vez que tenía pago o trabajo y cuando se enteró ya tenía tres hijos a los que soñaba poder poner bonitos, con la ropa bonita que la hacía suspirar en las truchas del mercado y que miraba a través de los pocos escaparates que hay en León.
Separada después de muchos golpes y a miles de kilómetros de Nicaragua, la conocí en Madrid hace pocos días. Estaba en el locutorio (centro de llamadas), reconocí su acento, me acerque animada por eso y le pregunte si era nica, la respuesta afirmativa hizo que sintiera como si había encontrado a alguien de mi familia, creo que fue igual para ella.
En menos de media hora y con un kebab -una hamburguesa pakistaní que parece ser el plato típico de esta ciudad por lo barato que resulta- me contó su vida de esclava, viviendo el sueño europeo.
Trabaja de lunes a sábado de siete de la mañana a 10 de la noche, sólo tiene libres los domingos y ese día aprovecha para ir a hablar por teléfono con su familia, cuando es primer fin de semana del mes aprovecha para enviarles el dinero de la comida y los gastos y comprarse algunas cositas.
“Nada importante” -me dice- porque aunque tiene el dinero ahorrado desde diciembre no se ha podido comprar sus Nike.
“Me los iba a comprar pero pensé que debía comprarle primero a mis hijos sus zapatos, ellos están chavalos y seguro querrían tener unos zapatos de marca así que se los compre y se los mande, pero al menor se los robaron una noche que venía de una fiesta así que le mande otro par de nuevo, estaban felices, los vi en las fotos que me mandaron”, dice mientras ve hacia el cielo por la ventana.
“Es difícil la vida aquí, quisiera estar allá poder acompañarlos a comprarse los estrenos de sus cumpleaños o verlos arreglarse para una fiesta, estar aquí es como estar muerto con la diferencia de que les mandas dinero, es triste este encierro, lo más triste es que no tengo ni esperanza de volver”, reconoce.
Terminamos de comer en silencio, me invadió una tristeza inmensa sobre todo porque la mayoría de los casi ocho mil nicaragüenses que habitan esta tierra son mujeres y madres.
Esta conocida me ha invitado a la celebración del día de las madres. Se reunirá con otras madres nicas el último fin de semana de mayo a tararear las canciones “Los versos a mi madre” de Julio Jaramillo, "Madrecita del alma querida", de José José y "Cariño verdad", aunque para mí la canción que las retrata, aunque no las mencione es la de Carlos Mejía Godoy, porque son leonas de tiempo completo aunque estén separadas de sus críos.