Para los españoles que he conocido soy una rareza. Algunos de ellos jamás habían escuchado el nombre Nicaragua. Los letrados saben de Rubén Darío -su referente inmediato es la estación del metro con el nombre del poeta- y muy poco sobre “centroamericanos”, palabras que durante días, y gracias a un trabajo que debo entregar, he utilizado.
Poco saben en estos lares, de la región que fue descubierta con el resto de América. Muy poco conocen de los procesos de democratización, de las guerras, de Sandino, de nuestra biodiversidad de la que tanto nos enorgullecemos. No saben que poseemos cerca de un millón de especies de organismos diferentes, los cuales conviven con los más de 40 millones de centroamericanos.
No aparecemos como estadística en sus informes. Cuando se refieren a Latinoamericanos al parecer están hablando de peruanos, bolivianos y ecuatorianos; por más que uno busque a ticos, nicas, guatemaltecos, catrachos y salvadoreños, no los encuentra.
En el metro una señora se me acercó para preguntarme a cómo estaba el cambio del dólar en Perú, le sonreí y le dije que era nicaragüense. Abrió muchos los ojos se disculpó y dio la espalda, pero giró y volvió a mirarme para preguntarme: ¿Y Nicaragua donde queda? Le referí que es el país más grande de Centroamérica, que estamos - como su nombre lo indica - en el centro del continente. Después de la breve explicación me consultó de nuevo: ¿Y a cuánto de Perú están? "Lejos", le dije.
Al comentar con una amiga nicaragüense -con varios años de radicar aquí- por qué los nicas con la fama que tenemos de ser "organizados" no han montando un sitio Web o una ONG de ayuda a migrantes provenientes de nuestro país, me señaló que al parecer nadie se ha dado a la tarea y que prefieren hacerse pasar por colectivos más representativos y numerosos como los peruanos, bolivianos y ecuatorianos.
¿Dónde estamos? Es una pregunta que deberían comenzar a hacerse los embajadores de nuestros países.