-Hola- empieza la voz. Es él. Estoy seguro. Lo podría reconocer con los ojos cerrados. Ahora dirá buenos días, buenas tardes o buenas noches; dependiendo de la hora en la que me encuentre. Lo reconozco. Creo que él también. Pero le importa poco. Aunque siempre le respondo con un gesto negativo o con una cara seria, él no pierde la esperanza y me repite su discurso. -Acabo de salir de la Cárcel La Modelo. Voy para Masaya, pero el bus me cobra diez córdobas y solo tengo cuatro córdobas-repite mientras suena las monedas en sus manos. La mayoría de veces solo lo ignoro; pero si ando de "malas" le hago ver que ayer me dijo lo mismo. O lo comento con el que se encuentre al lado mío en la parada de buses de Jinotepe, en la UCA. Pero no soy el único. Otros se lo comentan o lo comentan entre ellos. Algunos hasta se burlan o discuten con él. Otros le dan una moneda. "Es que míralo, aquí estaba pidiendo que le faltaban cuatro, ya recogió dinero y va pidiendo los mismos seis", dice un joven musculoso a su esposa, mientras ella asiente con una sonrisa. Pero, bueno, sus necesidades tendrá. El punto es que por qué recurrir a la mentira más burda y para colmo de males repetirlo todos los días. Es un discurso gastado y sinvergüenza que no necesariamente le trae colaboradores a su causa. No estoy diciendo que necesite de un jefe de relaciones públicas. Pero un poco de creatividad no le vendría. Tampoco trabajar. Eso me recuerda a un señor que pedía hace años, cuando empecé a estudiar en la Universidad. Este tenía un discurso más desarrollado y creíble. Su hijo "estaba" enfermo. La solidaridad no se hacía esperar. Incluso prometía que cuando estuviera sano su primogénito vendría a agradecer a las paradas de buses a todos aquellos que contribuyeran a su causa. Pero este señor de barba cerrada se movía no solo en la UCA, sino en todos lados de Managua. Él hijo nunca vino, pero a él no lo volví a ver. Hasta hace poco. Tenía el mismo discurso. Pero la misma receptividad. Tal vez, su estrategia fue mejor. Pronto también ya no le servirá. Y así miles de hombres, mujeres y niños piden en las calles de Managua. Muchos de ellos con la mayor desfachatez, aunque puedan estar trabajando. Que existe desempleo es verdad, pero ser mendigo tampoco es la solución. Menos haciéndolo tan mal. Recuerdo que mi amigo Geiner Bonilla me contó que vio una vez al final de la tarde a una señora que pedía dinero todos los días en el sector de la UNI, detener un taxi y marcharse a su casa. Desde ese día la estrategia de la anciana no volvió a funcionar para nosotros.