12:25
29
jun

El día que quise ser asesino

Yader Luna García

Era la una de la tarde y yo en vez de estar con mi estómago satisfecho, estaba en un camino pedregoso sin saber donde me encontraba exactamente y a qué hora probaría alimentos.

Sumado a eso usando zapatillas nada cómodas, con cansancio extremo y con sólo una botella de agua para dos personas; el panorama no era nada prometedor.

Dirigidos por un campesino recio, llegando a obeso, pero con una energía que parecía no agotarse caminábamos sin parar. Solamente nos deteníamos a descansar por períodos cortos cuando mi acompañante o yo le pedíamos parar.

-Y ustedes en qué trabajan en sus ciudades- nos preguntó de repente. Mi amigo, un neoyorquino un poco suspicaz le contestaba lo más esquivo posible. Yo un poco más conversador no tenía ganas de darle explicaciones de mi vida. Mucho menos cuando le estaba pagando para que él me guiara y enseñara sobre el lugar que estábamos visitando.

Con una respuesta seca trate de evadirlo y preguntándole sobre unas plantas traté de redirigirlo a mis intereses ese día.

-No es tan importante. Es un árbol que crece al lado del otro, se lo traga y por eso al final queda la apariencia de un árbol hueco-me contestó.

Me lo dijo con una mirada cínica, superior a cualquier cosa tolerable en ese momento. El sol era abrumador, el hambre empezaba a apretar así como mis zapatos. Pero lo peor aún estaba por venir.

Estaba en medio de la nada y él era la única persona que sabía el camino. Por esas dos razones no dudé en seguirlo y tragarme todo mi enojo.

El tipo se llamaba Mauricio, tenía unos cuarenta años, un campesino acostumbrado a caminar varios kilómetros durante horas, bajo el sol o la lluvia. Me quedó claro que era un formidable cabrón como un encantador. Un sujeto que hacía lo que le daba la gana durante el recorrido.

Caminamos un largo trecho más y el rugido de mis tripas, con el agotamiento físico hacían aquello intolerable. Pensaba que sólo yo estaba sufriendo, pero mi amigo también no daba más. Le comenté que estaba fatigado y con su sonrisa entre enternecedora junto con su mirada maliciosa me dijo que pronto íbamos a descansar.

En unos minutos yo estaba sonriendo bañándome en una cascada. Olvidé por un momento lo hambriento que estaba. Antes de que dieran las tres de la tarde, con tono militar nos ordenó marcharnos.

Le dije que quería ir directo a comer. No le hizo gracia mi súplica. Me indicó que era necesario caminar un poco más, pues valía la pena. Lo peor había llegado. Después de habernos refrescado unos minutos, de nuevo estábamos sudando y cansados. Ya sin agua que beber y ansiosos por llegar a dormir más que a comer.

Empezamos a subir una loma y otra, después otra y así hasta que sentía que ya mis piernas no me obedecían. Lo estaba odiando con todas las pocas fuerzas que me quedaban. En un momento mi amigo y yo estábamos a punto de desistir. Pero bajar no resultaba nada atractivo pero cada vez que subía pensaba en el dolor que me causaría regresar todo eso.

Con el poco sentido del humor que llevaba, pensé en que un par de cimas más y lo mataría. Ya era demasiada tortura.

Por suerte, luego de subir hasta lo alto de esa cima pedregosa, había un atajo plano para bajar y regresar. A las cuatro de la tarde,  mi amigo yo estábamos llegando a la casa donde dormiríamos. Por suerte no me convertí en un asesino.


Comentarios - 7

Página 1 de 2

  • 1 | Helen - 09-09-2011 - 11:01:13h
    Estimado Yader...

    Se valora tu esfuerzo, pero aun así me deja un muy mal sabor, y no necesariamente del "campesino" al que querías matar, con un tono muy despectivo y poco profesional, peor cuando se sabe que nuestra labor (periodismo) es en teoría altamente social, pero parece no la pusiste en práctica.

    A ver, si sabías que harías un viaje (por el cual pagaste como decís) a quien se le ocurre ir en zapatillas? Y sin algún alimento para el camino?... Parece que solo a vos.

    Ahora, cuál fue el delito del guía? Preguntar qué hacían en la ciudad? Por eso ya te desagrado? Qué te costaba implementar de corazón algo de la educación que te dieron tus padres y la universidad?... Nada!...

    Bueno, si vas a dedicarte a escribir tus malas experiencias, (que terminaran con impulsos homicidas) tenés dos opciones: Dejar de escribir, o por lo menos hacerlo solo de tus mejores momentos.

    Pero mi recomendación es escribir de todo, respetando la integridad de los demás... Cuestiones éticas!...
  • 2 | sd - 28-07-2010 - 16:45:55h
    jajaja
  • 3 | Mellissa - 08-07-2010 - 11:51:17h
    Me encanta tu forma de narrar las situaciones. Genial!!!
  • 4 | Jessica - 01-07-2010 - 18:02:47h
    Hahaha. Me gusto mucho este blog
  • 5 | Jessie - 01-07-2010 - 13:57:35h
    Uy no lo hubiese perdonado, pero al menos ejercitaste tu boludo cuerpo jejejeje
  • 6 | francisco - 29-06-2010 - 15:14:53h
    !!!!!!!! algo por lo que a mi no m gustaria pasar.. se muy bien por lo que pasaste... tuviste que pasar por una tortura para lograr tu segundo objetivo, descansar!
  • 7 | Arlen C. - 29-06-2010 - 14:46:15h
    Yo lo hubiera matado. La pensas demasiado. Jajajajaja ;D
Página 1 de 2

CAPTCHA ImageRecargar Imagen Código de verificación


Normas de uso:

Estos comentarios están sujetos a moderación.

Tu comentario será publicado en la mayor brevedad posible.

Sobre el autor

Yader Luna García



Un lector que se dio cuenta que también le gusta escribir. Así llegué al fantástico mundo del periodismo. Trabaje como periodista en el diario La Prensa, además que anduve por ahí escribiendo para otras publicaciones. Y ahora el barco de la vida me trajo a La Brújula.


Últimas Entradas

  1. ¡Gracias!
  2. El mal pobre
  3. El día que quise ser asesino
  4. La diplomática
  5. Una bolsa llamada corazón
  6. ¡Bendita justicia!
  7. Se busca novia (urgente)*
  8. Ladrones con caché
  9. A vuelta de hoja
  10. Carta a un ladrón

Sobre el blog

Desde esta pequeña ventana del ciberespacio voy a compartir mi pequeña visión del mundo. Al igual que cuando uno observa desde una pequeña ventana, quizás mi visión no sea total. Quizás mi opinión no te parezca la más certera. Pero te invito a ser el juez de mis palabras.

Archivo


Otros blogs