Hay algo que debe llamar la atención cuando se hable del Parlacen: ¿Por qué Costa Rica, el país más maduro política y económicamente del área, no pertenece a ese órgano?
Hay que preguntarse también: ¿Cuáles son los motivos del nuevo presidente de Panamá, Ricardo Martinelli, para renunciar al Parlacen?
Los motivos de Martinelli se parecen mucho a los de Costa Rica: El Parlacen es de perdedores, costoso, burocrático y poco operativo. No hay más, el asunto es económico.
En Nicaragua, la mayoría de legisladores que nos "representan" en el Parlacen son aliados políticos o activistas a tiempo completo de los partidos.
Es refugio de políticos en busca de inmunidad... o consuelo de políticos en retiro o poco confiables (es decir que se pueden voltear si les ofrecen un curul en el legislativo).
Son, en definitiva, una pesada carga de casi tres mil dólares al mes con derecho a vehículos exonerados de impuestos e inmunidad diplomática. ¿A cambio de qué?
Para las elecciones de 2006 entrevisté a un diputado del Parlacen que era activista a tiempo completo en la campaña de su partido. Se dedicaba de lleno a actividades partidarias y mes a mes recibía del erario su salario como representante de nosotros en el Parlacen.
—¿No le parece injusto que nosotros les paguemos su salario con los impuestos para que ustedes se dediquen a hacer política? —le pregunté.
—A los legisladores se les paga para que hagan política. A los diputados de la Asamblea, por ejemplo, se les da más de 400 mil córdobas para sus actividades —me dijo sin inmutarse.
Ahora que Panamá ha decidido renunciar a integrar el Parlacen, puede abrirse el espacio para iniciar una discusión.
¿Por qué Nicaragua en estos tiempos de crisis, con ingreso per cápita que no llega a los un mil dólares, sigue pagando mes a mes el salario en dólares de 21 diputados regionales, mientras países como Costa Rica y Panamá, con ingresos per cápita que pasan de 4 mil dólares, se resisten a hacerlo?