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07
ene

La vida

Ismael López Ocampo

Maldito cáncer, atacaste a quien no debías.

 

La vida debe ser como una lotería que uno se saca. Decía Oriana Fallaci que nada es peor que no vivir, que nada es peor que no haber existido. No haber nacido es no haber tenido nunca la posibilidad de existir de trascender. Y eso debe ser bien catastrófico.

 

Desde el momento en que millones de espermatozoides se pelean por fecundar un óvulo y así formar un feto que luego será una vida, la vida misma es como una lotería. Nos sacamos un premio y el premio es nacer. Y nacer trae un sin fin de posibilidades. Todo lo podemos lograr si nacemos –o por lo menos casi todo-.

 

Después de nacer nadie sabe cuánto viviremos. Jairo tampoco lo sabía. Y sus hijos de 15, 11 y 2 años pensaban que su padre viviría muchos más años. Todos los que lo conocíamos pensábamos eso.

 

A los 35 años el ser humano está  en plenitud de condiciones. La vida, sin embargo, tiene sus vueltas que son inexplicables y aunque nos hagamos un millón de preguntas no obtenemos respuesta.

 

¿Por qué muere un hombre de 35 años que pudo ser un delincuente más y sin embargo eligió ser un profesional? ¿Por qué muere un hombre que le faltaba educar a tres hijos? ¿Por qué muere un hombre que no era ni peligro ni carga para la sociedad?

 

Nadie no las puede responder. La vida es linda pero también nos da bofetadas, nos escupe en la cara. Estoicamente tenemos que aceptarlo. ¿A quién le podemos reclamar? ¿Quién escuchará nuestros lamentos? ¿Quién nos curará la indignación? Maldito cáncer que atacaste a quién no debías, que eliminastes una vida en plenitud.

 

¿Qué nos queda? Recordarlo como un toro en una barrera: fuerte, seguro, gigante, inolvidable. Hay que recordarlo como el Jairo que el 31 de enero pasado, se levantó con agallas a saludar a sus amigos pese al “cangrejo que le atenazaba su garganta”, y que por más de un año le impidió alimentarse normalmente.

 

El ser humano, nace, crece se reproduce (cuando tiene la oportunidad claro está) y muere, pero vos Jairo vas a romper paradigmas. No vas a morir. Te seguiremos viendo en la cara del pequeño Derek que ahora pregunta dónde estás y nadie puede responderle. Steven, Roxana y Derek son tu legado. Y ese es un legado eterno. Eso no es morir.

 

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Sobre el autor

Ismael López Ocampo



Fue reportero de El Nuevo Diario y parte del primer equipo de investigación que creó ese diario. Luego fue redactor de política de La Prensa... Después de un breve lapso trabajando en ONG regresó al periodismo, a La Brújula.


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