Hoy en la mañana escuché al ministro de educación Miguel de Castilla eufórico decir que la educación en Nicaragua se ha masificado y mejorado, que los índices de analfabetismo son escasos, y que el otro año implementarán un sistema educativo para que adultos alfabetizados puedan seguir sus estudios.
Aplausos por esto último (Perdoneme señor ministros pero lo de los índices de analfabetismo no me lo creo tanto). País que no educa a su gente no avanza.
Pero mientas escuchaba al ministro me acordé de aquellos alumnos de cuarto año de un colegio público de Managua que llegaron a La Brújula, a pedirle a Arturo Wallace que le ayudara a hacer un periódico que era el trabajo final de su clase de español.
Eran adolescentes humildes, esforzados y con mucha energía. Y creo que a todos los de La Brújula nos enseñaron más de lo que ellos pudieron aprender los tres días que llegaron por allá.
A mí me enseñaron que la educación en Nicaragua tiene serios problemas que no tienen que ver con acceso a educación o bajo presupuesto. Tiene que ver con calidad, con preparar a los profesores para que luego trasmitan conocimientos a los alumnos que cada vez requieren más habilidades en informática, inglés, etcétera.
Y con una inapropiada educación sexual. Por favor trasmítanles una buena educación sexual a esos niños y adolescente, que no sea biologicista. Díganle que lo mejor para prevenir embarazos adolescentes y enfermedades de transmisión sexual es la abstinencia, pero que si no se pueden abstener que utilicen preservativos.
Un día una de las niñas se apareció con una botella plástica llena de desinfectante para piso que ellos habían elaborado en sus clase de química. Era un regalo para La Brújula. Y uno de ellos, dijo que para él era más fácil hacer Zepol.
Hacer que los alumnos “inventen” y no que memoricen es aplaudible bajo cualquier circunstancia. Pero no es suficiente. Si esos adolescentes salen con un embarazo es muy seguro que en el caso de ellos, dejen de experimentar con Zepol y desinfectante para engrosar la lista de trabajadores del sector infomal, y que ellas se hagan amas de casa y vivan hacinados en las casas de sus padres.
No podemos permitir que el futuro del país se esfume por unas activas hormonas adolescentes. Uno de los que nos visitó a comienzos de noviembre estaba a punto de ser padre.
-¿Qué querés que sea?- le dije
-Lo que sea, sólo deseo que la niña nazca sana- dijo.
Al día siguiente a su novia, una niña de 16 años que contrario a él dejó la escuela, le realizarían una cesárea.
Y según se pusieron a enumerar en ese colegio en todo el año pudieron contar hasta cuatro adolescentes que dejaron las aulas cuando salieron embarazadas. Y así no se construye un país.