Bisturí

Paso de Cebra / Gloria Carrión / may 01 09:39:29

[[img id="327"]]

 

Después de estrechar su mano, el doctor pasó sin mayor preámbulo a los detalles de la intervención del día siguiente. A Sánchez le rebotó el corazón. Desde que a la tía Marta la habían operado de una arteria coronaria bloqueada cuando en realidad lo que tenía era una anemia profunda, no se fiaba de las batas blancas. Su situación, sin embargo, ameritaba medidas drásticas, así que no tuvo otra que llamar a unos amigos que le recomendaron, sin titubear, al barbudo que ahora tenía enfrente.

 

El doctor, ajeno a su aprensión, dibujó con trazos impecables los distintos niveles de tejidos que cortaría con el bisturí. Sánchez sintió que algo le mordía el estómago. Podía jurar que escuchaba a sus tejidos cediendo al filo de la navaja. Entonces apretó los ojos hasta ver chispitas blancas y se imaginó libre de ese fardo oscuro que acechaba sus días y sus noches. Sí, después de la operación voy a sentirme mucho mejor, pensó, y eso le ayudó a llegar al final de la explicación.

 

- No se preocupe, dijo el doctor alisando la punta de su barba, llevo años haciendo estas intervenciones.

 

Sánchez asintió con la cabeza y estrechó, esta vez más fuerte, la mano del doctor. Se aferró a su abrigo y avanzó hacia la puerta de madera. A punto estaba de abrirla cuando el médico, levantando un poco la mirada desde su escritorio preguntó:

 

- Carmen, a partir de mañana, ¿qué nombre te pondrás?