La vida útil de un jugador de fútbol es como la curva de vida un producto, tiene su fase de introducción, de crecimiento, su punto de madurez y por último, su punto de declive. En este último punto, el potencial del jugador no alcanza para rendir en las máximas categorías. Para entonces la nostalgia se come el alma del jugador y este siente la necesidad de regresar a casa. El grandioso producto Ronaldinho no fue la excepción a estas fases.
Ronaldinho fue introducido en su natal Porto Alegre con los colores celeste y preto del Gremio. Ahí Brasil y Sudamérica se dieron cuenta del potencial de este jugador que no tardó mucho en brincar el charco. El Gaúcho seguiría la curva de su vida profesional; la etapa de crecimiento lo llevaría hasta la ciudad del amor, para jugar con el Paris Saint Germain. Ahí toda Europa reconocería el talento, los amagues, los regates imposibles y la creatividad del brasileño. Todavía en su etapa de crecimiento Ronaldinho disputaría el mundial de Korea-Japon 2002, siendo uno de los artífices para que Brasil se alzara pentacampeón. Siendo campeón mundial, los ojos del mundo se fijaron en aquel muchacho dientón que bien podía desplegar su fútbol en la élite de Europa.
Fue entonces cuando Ronaldinho llegaría al FC Barcelona. En Barcelona, Ronaldinho llegaba a la última parte de su crecimiento. En Cataluña, Ronaldo de Assis Moreira se convertiría en el mejor jugador del planeta, le devolvería al club su categoría de antaño, nos deleitaría con su magistral fútbol, nos iluminaría con su magia y nos regalaría su siempre contagiosa sonrisa. Eran tiempos en los cuales cada tiro libre que Ronaldinho cobraba terminaba en gol, en los cuales cada pase que salía de sus pies era gol, y en los cuales cada fantasía que salía de los tacos de R10 comenzaba una obra de cuyo desenlace era un gol.
Ronaldinho alcanzó en Barcelona el punto más alto de su carrera y por consiguiente su madurez futbolística. Desgraciadamente dicen que todo lo que sube tiene que bajar. Y justo después de ganar una Liga Española y una Champions en la temporada 2005-2006, Dinho llegó al mundial de Alemania 2006. Una mega campaña publicitaria de Nike nos vaticinaba que la verdeamarehla guiada por Dinho se llevaría el tan ansiado trofeo. Lastimosamente a Ronaldinho ya lo habían exprimido y no pudo darnos más nada en Alemania.
Luego del mundial Ronaldinho no volvería a ser el mismo: su nivel de fútbol bajó tremendamente, la magia ya no aparecía y se terminó haciendo amigo del bacanal. Su titularidad se fue a pique y dejó de ser la joya de la corona Rijkaard. Cuando Rijkaard salió y Guardiola entró, Ronaldinho salió de la institución catalana para ser acogido en el Milán de Ancelotti. Aquí comenzaría su etapa de declive.
En la capital lombarda, el doble Ballon d’Or nunca pudo reencontrase con su juego, no pudo confabular con su compatriota Kaká y nunca fue regular en sus presentaciones. Estando bajo la tutela de Leonardo amagaba algunas veces con ser la estrella indiscutible del plantel, otras veces deambulaba como zombie en el campo de juego. Cuando el joven allenatore Massimiliano Allegri asumió control del Milan, Ronaldinho tuvo una enésima oportunidad de redimirse pero la perdería producto de sus eurobacanales. Ronaldinho se hundía en la banca y buscaba una salida desesperada de Milan.
Ya en su etapa final, la calidad y precio del jugador bajaron y lo llevaron a su Brasil natal donde Gremio, Flamengo y Palmeiras pugnan por sus servicios. Flamengo saldría victorioso y se haría con los servicios de Ronaldinho. Con esto termina en Brasil la era del gran producto del futbol brasileño, termina la era europea del gran Ronaldinho.