Arturo Wallace-Salinas
Dado que soy (perdón, era) invitado habitual de Carlos Fernando Chamorro en el programa "Esta Noche", me cuidé mucho de incluir en la introducción al tema "Medios, comunicación y democracia" -que junto a este otro trabajo de Yader Luna pretendemos sirva de insumo para una reflexión sobre el rol democrático de los medios de comunicación que cada vez parece más urgente- elementos que pudieran sugerir un sesgo basado en una relación personal.
Para algunos, esto puede haber producido un artículo demasiado blando o demasiado "teórico" (en un país en el que el conocimiento es a menudo visto con sospecha, sino con desprecio). Pero me pareció importante intentar compartir algunos principios y valores importantes -de esos que, en Nicaragua, a menudo hipotecamos, traicionamos o simplemente perdemos de vista por conveniencia, para no tener que cuestionar nuestras simpatías y filiaciones- sin correr el riesgo de crear demasiados anticuerpos.
A título personal, sin embargo, sobra decir que considero que la forma en la que cambió de manos Canal 8 es inaceptable. Y los argumentos con los que las nuevas caras visibles de la estación han intentado explicar las razones detrás de su compra francamente risibles. Porque si el objetivo real era contar con un espacio para "darle la voz a la gente" y hacer un nuevo tipo de periodismo, "desde el respeto, pero sin faltar a la verdad" como dijo William Grisby, entonces ¿por qué no reactivar Canal 6 para ponerlo al centro de una verdadera radio-televisión pública?
Si de lo que se trataba era de ampliar espacios, tenía mucho más sentido emplear el dinero facilitado por Venezuela -que se supone debe ser puesto al servicio de los intereses de todos los nicaragüenses- en esa tarea, agregando un nuevo espacio (ojalá pluralista, diferente), en lugar de adueñarse de uno existente.
Consideradas las opciones, resulta difícil no creer que el silenciamiento de un medio potencialmente crítico (basta recordar el comportamiento de Canal 8 luego de las elecciones municpales), un mayor control sobre el debate público y la búsqueda de beneficios económicos personales, hayan sido el motor detrás de la movida.
Y más allá de las deficiencias de la vieja televisora, con esas prioridades, Nicaragua pierde.