¡Qué un medio de comunicación gratuita haya llegado a su primer aniversario causa regocijo! En un país donde la crisis abate a los medios y los signos de recuperación no se visualizan tan pronto, La Brújula Semanal ha completado su primer año de vida, teniendo una singular acogida entre los jóvenes.
La manera en que los jueves es esperada por los universitarios, ratifica que la propuesta delineada por Arturo Wallace, Juan Carlos Ampié y Claudia Neira, era más que necesaria. Durante cincuenta y tres semanas consecutivas la han leído de manera profusa y han hecho circular entre los amigos. Esa inmensa mayoría que conforma la población nicaragüense, requería de un lenguaje, un diseño y un contenido afín a sus intereses más sentidos.
Desde que se les ocurrió la idea de fundar un medio de comunicación escrita hace dos años, no cesaron en su empeño de traducir sus sueños y aspiraciones, en una manifestación tangible, sometida al escrutinio de sus seguidores. En un país desencantado han logrado que los jóvenes se mantengan expectantes, ilusionados y prestos a seguir paso a paso los temas informativos fijados por La Brújula.
Los índices de sus devotos desmienten que los jóvenes no estén leyendo. Si La Brújula ha capturado su atención significa que requerían de una ventana que les permitiera ver la otra cara de la luna. Sentirse distantes y distintos. No estar sujetos a las narrativas cansinas de los políticos, genuinos hacedores de endriagos, ofrecedores del paraíso en la otra esquina, usurpadores de la fe y traficantes del olvido, cuyas promesas de un mañana mejor se han postergado para siempre.
La Brújula muestra un aliento fresco y rejuvenecedor. Mientras más alejados se mantenga de los vendedores de ofertas de redención, mayor será la receptividad de los jóvenes. Mientras más cuidadosos y celosos sean con los anunciantes mayores las perspectivas de aceptación a sus diferentes maneras de enfocar la realidad. La Brújula tiene que ser la abanderada de otras maneras de relación con el poder y los poderosos.
Tampoco piensen que la Brújula vive del aire. Se ha mantenido fundamentalmente por los aportes iniciales de Arturo, Juan Carlos y Claudia, pero sobre todo por el apoyo recibido de Melvin Wallace, a quien tanto seducen las ensoñaciones de sus hijos. En Melvin persisten viejas lealtades con una profesión que practicó conjuntamente con un puñado de idealistas dando vida al diario El Pueblo.
Los compromisos de La Brújula deben mantenerse. Ajena a concesiones inútiles con los poderes establecidos, tiene la ventaja de sustentar una política informativa y editorial propia; lejana a las veleidades que suponen los arreglos a trasmano con los anunciantes, como respondí a la joven universitaria que dudó de su independencia cuando La Brújula destacó la campaña desplegada por Claro de canjear los viejos teléfonos celulares por arbolitos.
No abrigo dudas que los anunciantes tratan de copar y cooptar a los medios. En épocas de vacas flacas disponen del dinero necesario para sacarlos a flote. Arturo, Juan Carlos y Claudia saben perfectamente bien, que un desliz de esta naturaleza sepultaría su prestigio y credibilidad. La Brújula dejaría de ser atractiva y consecuente con los principios rectores que la animan. En el conocimiento de su aceptación entre los jóvenes radica la inversión publicitaria que hacen los anunciantes en sus páginas. Una cosa supone vender un espacio para anunciarse y otra hipotecar la conciencia.
Transcurrido el primer año llegó la hora de evaluar lo realizado. ¿Pudo haber sido más consistente su agenda? ¿Qué reportajes, crónicas y artículos quedaron fuera? ¿De qué manera acercar aun más los jóvenes a La Brújula? ¿Qué hicieron que no debieron haber hecho? ¿Cómo dar el salto hacia delante sin caer en el vacío? ¿Vale la pena arriesgarse y subir el tiraje? ¿Conviene abrir espacio a las reseñas de libros y a la crítica cultural?
¿Lo alcanzado hasta ahora satisface a sus fundadores? Pienso que deben sentirse halagados pero no satisfechos. Todavía queda un largo tramo por recorrer. En momentos en que la falta de credibilidad en las instituciones del Estado y en los Partidos Políticos campea entre los jóvenes, hace falta reencantarles. Son las aspiraciones de los estudiantes de poner el mundo de pié, las que siempre han alentado mis pasos en las aulas universitarias.
Cuando Arturo me propuso como Defensor del Lector de este semanario acepté convencido que se trataba de un nuevo discurso periodístico. Nada ha facilitado más mi trabajo que la creación de la sección Correcciones & Aclaraciones. Estas dos decisiones son ya un paso adelante. Era la primera vez que un medio de comunicación nombraba a una persona para que asumiera la defensoría de sus lectores, a la vez que hasta entonces era inédita la experiencia de que un medio rectificara sus errores, sin necesidad de verse compelido por nadie.
Los trabajos de Ismael y las crónicas de Yader, se han convertido en pan recién salido del horno para los lectores de La Brújula. Jóvenes comprometidos con su profesión, nada les atrae más que cautivar con sus plumas. Forman parte de la pléyade de noveles periodistas atraídos por la manera en que cuentan sus historias para seducir a los lectores, única manera de cautivar y escalar las cumbres. Una generación briosa que apuesta por asentar sus nombres en el firmamento del periodismo escrito. Nada fácil pero tampoco imposible. ¡Con júbilo me sumo a las celebraciones de su primer aniversario!