"Sos un Avatar"

Cosas que pasan / Roberto Salinas García / nov 25 18:26:55

A duras penas conservo las creencias católicas. Entre cuestionamientos, blasfemias y arrepentimientos, continúo creyendo en la existencia de un Dios. Esto no me impide disfrutar de las indagaciones en teorías “ocultas”, como la demonología, o creer en la posibilidad de la existencia de ciertas características que rigen a personas de un mismo signo, como por ejemplo los Cáncer. Al final me puedo excusar con la frase “hay que leer de todo”.

 

Con esto no quiero decir que espero a Walter Mercado en las mañanas o que mis acciones obedecen a la pequeña predicción que el horóscopo del día vaticinó durante el desayuno. Sin embargo no puedo negar que cada cosa en este mundo tiene su gracia, la cual pude constar cierta vez que regresaba a mi casa.

 

Concluida la bohemia, sus discípulos regresan a descansar. En el vehículo íbamos un amigo mío de hace ya muchos años, y otro de hace no tantos llamado Gabriel. Al llegar a la casa del último, bajo un árbol de almendras estaba sentado un hombre gordo. Evidentemente pasado de tragos, se acercó a Gabriel y lo saludó con naturalidad. El gordo respondía al nombre de Rogelio.

 

Esperando que Gabriel ingresara a su casa, mi amigo y yo no nos percatamos de que Rogelio se había acercado bastante al vehículo. En la ventana nos saludó y extendió la mano. Me sentí incómodo, ya que no lo conocía, pero lo saludé. Rogelio es gordo, con el pelo largo y algo ensortijado, vestido de negro. “Hola”, me dijo. “Me permitís leerte la mano”. Eso fue casi una pregunta retórica porque ya se había afianzado fuerte a mi mano y no se miraba dispuesto a soltarla. “Hay alguien en tu corazón pero te hace mucho daño, aunque podrías dar todo por esa persona. Cuidate porque tenés problemas del corazón”. Pensando en quién me podría hacer daño o si verdaderamente mi corazón está mal, esuché a Rogelio: “Sos un avatar, pero escuchame, avataaaaaaaar”. Reconozco que en ese momento ignoraba el significado de tal palabra, hasta el día siguiente que descubrí que significaba ser la “encarnación terrestre de un dios”.

 

Rogelio se postró ante mí. Sólo pude escuchar a mi amigo riéndose de manera burlona pero intentando ser, fracasadamente, discreto. “Regresá”, dijo Rogelio, “tengo que hablar con vos”. Aunque quería reírme intenté controlarme, y prometí hacer todo lo posible por regresar para hablar un poco sobre el tema. Cierto es que mentí pero eran casi las 4 de la mañana y tenía mucho sueño.

 

Mi amigo no paraba de reírse, cuando en eso Rogelio se levantó del piso. El auto quiso arrancar pero Rogelio introdujo la mano velozmente en el vehículo. “Adiós”, le dijo extendiendo la mano a mi amigo, quien sorprendido procedió a estrechársela. Fue en ese momento en el que la mayor adivinanza sonó categórica: “Vos tenés dos mujeres”. “¡Oooooooooi jodido vamonós!”, gritó el perturbado amante, confundido sentimentalmente entre su ex y su actual compañera.

 

Eso fue lo más cercano a una sesión de tarot o esoterismo que he tenido, y aunque no cambió mi vida, sí me reí un rato. Cada uno es libre de creer en lo que considera real, y aunque no camino sobre las aguas ni he alcanzado el Nirvana, es gracioso recordar el rostro de mi amigo al ser descubierto de un secreto que se había guardado durante mucho tiempo por un completo desconocido.