Si hay algo que La Brújula intenta hacer es que cada uno de sus lectores se sienta identificado con aquello que lee, desde el busero que se cruza el alto exponiendo la vida de sus pasajeros, hasta cómo una crisis que empieza en Nueva York puede afectar el bolsillo de los nicaragüenses. Poco a poco se hace, y creo que, de igual manera, se ha logrado.
Pero el motivo del semanario no son 4 o 5 personajes regañando a los lectores, diciéndoles esto sí o esto no, esto hacé o dejá de hacer tal cosa. Personalmente creo que es encontrar la cuota de responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos tanto en los problemas, como en los aciertos, que giran en torno a este triángulo de tierra que nos ha tocado habitar. Esta es la urgente necesidad de la que padecemos… educarnos.
Habitualmente suelo hablar de los buses y en lo que en ellos acontece, y esta vez no será una excepción. Durante el trayecto es donde converge toda la amalgama social nica: clase media, campesinos, pobres, huelepegas, ladrones, ancianos, niños, religiosos, estudiantes y los que sólo hacen el cuadro, mercaderos y mercaderas, vendeaguaheladas, de crispeta, de bolis, de jocotes, mangos, groseas, coyolitos y más de algún acomodado. En fin, ahí se encuentra al pueblo.
El bus se para, no va lleno. En él sube una señora de unos 35 años. El pasillo va libre, no atestado, pero los asientos ocupados. Yo voy sentado, viendo a los vende DVD´s del oriental y todo el trajín cotidiano que mueve a ese gigante del capital. La señora se ha montado con una niña de talvez 6 años. Los ojos de la pequeña son grandes y expresivos, y me conmueve verla triste. El motivo es la varicela de la que es víctima. Vuelvo a ver atrás y no hay asiento libre. Criaturas del sexo masculino abundan, sus caras deliran al contemplar jovencitas, pero ninguno es capaz de ceder el asiento. Hago uso entonces de mi cuota de responsabilidad: “Señora, siéntese por favor”. Emocionada me da las gracias, algunos me quedan viendo raro, otros ni se han dado cuenta de nada.
No quiero quedar como el salvador, como el “tuani”, ni pretendo que alguna diga: Aaaaw que bello. Todo bienestar empieza por el respeto hacia quien tenemos al lado. Si de 50 sólo 1 es capaz de pensar en los demás, hay esperanza… pero el cambio tardará en llegar. Ni el vendeaguahelada, ni el estudiante, ni el religioso se inmutaron ante la necesidad de aquella mujer, y más de la niña, de encontrar asiento.
Qué puedo esperar de la clase política, o empresarial, o burocrática, tan ajenos al calor de las paradas y al polvo de los barrios, si aquellos que conformamos esa masa inmensa de nicaragüenses no podemos esperar nada siquiera de nosotros mismos.
Los que mandan, algún día se van a ir, y entonces pasaremos a mandar nosotros, y aclaro que mandar lo digo en el buen sentido. ¿Seguiremos acaso siendo mezquinos, girando como cachorros siguiéndose la cola en ese círculo del atraso? Espero que no, y por eso es que reconozco la labor del semanario, porque eso es lo que intenta hacer poco a poco, enseñarnos que a veces, aunque sea sólo el hecho de ceder un asiento, es la viva imagen que podemos esperar de mañana.