Se fueron. Cuando se hundía el barco agarraron sus maletas, algunos arrepentidos, pero la mayoría con miedo. Se acaba la fiesta, yo no tengo nada más qué hacer acá.
Así pasó el tiempo. Algunos se convirtieron en respetables, otros en ilustres, otros enterraron los libros “dogmáticos”. Se dedicaron a tómbolas para desgraciados, a intentar emular sistemas de otras tierras, no querían saber nada del pasado. Hoy se arrepienten de haber sido tan aventureros, en esa aventura que costó sangre. Otros dicen sentirse con la daga en la espalda, y pactan para abolir los pactos. Cantan a quien representa lo que nunca quisieron ser, aupando las ideas de la modernidad y socavando las ideas que los hicieron ser lo que hoy son… al menos cuando el recuerdo es mayor a la realidad.
De los criticados (los “malos”) no hablo, esos actúan a como se les da la gana. A veces intento entenderlos, pero no siempre puedo. Y no hablo porque les tenga miedo o por que les deba algo, sino porque, si ellos son la mala hierba, entonces debería ser más crítico con los redentores. Esos redentores que se han perdido, durante todo este tiempo transcurrido entre la paz y el “caos”.Encerrados en organizaciones, trabajando para instituciones que dicen representar a todo el mundo pero que son incapaces de evitar los abusos de un sólo país. Intentan que creamos en ellos, o al menos que yo crea en ellos, cuando no pudieron hacer nada en todo ese tiempo, cuando se convirtieron en lo que más odian, o en lo que dicen odiar. Cócteles, trajecitos bien presentados, con apellidos que quisieron disimular vistiéndose de aceitunas, con antologías poéticas “edición de lujo y especial” para ellos mismos, o para el que lo pueda comprar… el monopolio de la cultura.
Yo intento hacer las cosas a como creo. Creo en algo que es correcto, “aunque la cruda economía”, como dice Silvio, “ha dado a luz otra verdad”. Críticas siempre habrán, discusiones, risas ajenas, estrechando la mano, pero hasta ahí, algunos dicen que no todos somos iguales… allá ellos. Y así seguiré siendo, voluntario, crítico y necio. Y bueno, habrá quien difiera conmigo, pero no hay de otra… así son estas cosas.