De Barbies y Pistolas

Bitácora / La Brújula / mar 10 11:34:22

Hacer entender que la identidad no es el producto de características esenciales vinculadas, por ejemplo, al propio género, o raza, sino una construcción "política" condicionada socialmente, ha sido una de las principales contribuciones del pensamiento feminista a las ciencias sociales.

 

Pero desde finales de los 80, las post-estructuralistas feministas también han sido las principales críticas de los "modelos esponja" de la formación de la identidad (esos que asumen que los niños y niñas simplemente "absorben" los mensajes - negativos o positivos- que la sociedad pone a su alcance, vía juguetes, programas, etc), por que los consideran excesivamente simplistas.

No deja de ser por lo tanto curioso que sea en el nombre de una perspectiva "feminista" que algunos han arremetido en contra de nuestro especial sobre Barbie. Muchas críticas son más que validas. Pero hay algunas que, contradictoriamente, no hacen justicia a importantes enseñanzas del pensamiento feminista.

Para empezar, reconocen las post-estructuralistas feministas, los niños constantemente reciben mensajes diferentes, e incluso contradictorios, provenientes de diversas fuentes (y, a veces, como en el caso Barbie, una misma fuente puede enviar mensajes contradictorios). Por eso, sostienen, no se puede hablar de identidad, sino de identidades: múltiples, cambiantes, contradictorias. Y, explican, los niños construyen sus identidades (múltiples, cambiantes y contradictorias)  por medio de sus juegos; no absorbiendo valores que podrían estar "implícitos" en sus juguetes.

Así, desde un punto de vista post-estructuralista feminista, jugar con Barbie no es esencialmente bueno ni esencialmente malo. Porque lo que verdaderamente importa es el juego - al que ellos llevan esa variedad de información - y no el juguete.

Eso no quiere decir que los juguetes son inocentes. Definitivamente arrastran una carga y propician ciertas interacciones por encima de otras. Perofetichizarlos, como ha ocurrido en esta discusión sobre Barbie, es la mejor forma de perder de vista las propias responsabilidades - como individuos, padres, entorno, sociedad - en el proceso de construcción de identidades. Porque el resultado final es que se le termina echando la culpa a un pedazo de plástico, y no a nuestra falta de involucramiento en los juegos infantiles, o en la provisión de otros mensajes o marcos de referencia. Barbie se vuelve así un chivo expiatorio, a veces hasta el punto de parecer que si no existiera esa muñeca, otra sería la realidad de las mujeres en el mundo. Y sinceramente, no lo creo.

Umberto Eco tiene un ensayo bellísimo - que creo que a muchos de los que han criticado el especial también les parecería monstruoso - en el que insiste sobre este mismo punto, reivindicando - medio en broma, medio en serio - a los juguetes bélicos:

"Stefano, hijo mío, te regalaré fusiles" le dice a su hijo en una carta abierta, recogida en su "Segundo Diario Mínimo".

"Porque un fusil no es un juego. Es el punto de partida de un juego. De ahí tendrás que inventar una situación, un conjunto de relaciones, una dialéctica de acontecimientos. Tendrás que hacer pum con la boca, y descubrirás que el juego vale por lo que le pones dentro, no por lo que encuentras ya confeccionado" sostiene.

Y así, le promete a Stefano que, cuando crezca un poco, van a jugar juntos con sus rifles y pistolas de juguete. Pero no van a jugar a la guerra, sino a hacer la revolución. Y le explica que, cuando jueguen a vaqueros e indios, van a asumir el rol de los indios. Y así sucesivamente.

En otras palabras, Eco se compromete a inyectarle contenido y sentido a sus interacciones con esos juguetes. Porque eso es lo que verdaderamente importa. Y por eso (entre otras cosas) fue que no quisimos utilizar nuestro reportaje para sumarnos al ejercicio de lapidación deBarbie, quemar a a una simple muñeca en una plaza pública.

Ahora, tal vez en la búsqueda de no asumir posiciones preconcebidas, no alcanzamos el balance que estábamos buscando o "no dijimos las cosas lo suficientemente claro". Es más que posible. Pero a veces me queda la duda de si muchas de las críticas que hemos recibido no son sino el reflejo de una sociedad que está tan acostumbrada al periodismo militante, a que las cosas sean claramente en favor o en contra de algo, que cualquier intento por no tomar posición es automáticamente percibido como traición a la propia causa.

Parece que, inconscientemente, eso de "si no estás (claramente) conmigo, estás contra mí", funciona a muchos niveles. E incluso entre quienes uno menos lo espera...