Quiérase o no, la Venezuela de Chávez es un referente clave para la Nicaragua de hoy.
Sin embargo, la cobertura periodística disponible localmente por lo general no permite formarse una buena idea de lo que ocurre en ese país sudamericano - ni de lo que Nicaragua podría aprender de esa realidad.
Porque, dependiendo de a que medios le crea uno, o todo es muy malo, o todo es muy bueno. No parece haber términos medios.
Y, además, las dimensiones de la realidad venezolana que interesan a los medios, a menudo sólo resuenan con la pequeña minoría que sigue de cerca la política; esa que de todas formas parece estar demasiado atrincherada como para poder aprovechar la información para otra cosa que no sea la reafirmación de sus prejuicios (sean estos de derecha o de izquierda).
En ese contexto, los "no alineados", los que quieren llegar a sus propias conclusiones por su cuenta, los que reconocen que la realidad raras veces se vive en blanco y negro, los que no creen que criticar y atacar sean sinónimos, los que están dispuestos a escuchar opiniones diferentes con respeto - o lo que es lo mismo, los lectores de La Brújula - pueden beneficiare de algo más.
Y se nos ocurrió que podíamos ayudar.
De hecho, esperamos que "Una revolución...¿de mercado?" sea solo la primera de varias contribuciones de Pedro Pablo Peñaloza (y, por que no, otros periodistas venezolanos) para La Brújula. Y que, todos juntos, esos artículos sirvan como una pequeña introducción al "Socialismo del Siglo XXI", con sus luces y sus sombras, sus posibilidades y riesgos; el punto de partida de una reflexión y un debate mejor informado, menos sesgado, más constructivo.
¿Será posible? Para darnos una idea de lo que nos espera, esperamos con curiosidad las reacciones de nuestros lectores al trabajo de Pedro Pablo.
Seguramente a algunos - aquellos que juzgan el periodismo en función de su compromiso con la causa, su capacidad para magnificar aciertos, ignorar y ocultar problemas, y atacar a los enemigos - les parecerá anti-chavista. A nosotros no.
Y seguramente a otros - que también juzgan el periodismo en función de su compromiso con su causa, su capacidad para atacar duramente a los enemigos y para olvidar las propias responsabilidades - les parecerá blando. Pero tampoco.
El artículo nos gustó porque la información pura y dura está ahí. Las diferentes versiones y posturas están ahí. Los lectores pueden formarse, en igual medida, una buena idea tanto de las posibilidades como de los riesgos asociados con la intervención del Estado en sectores tan diversos de la economía; de las oportunidades y las trampas. Y decidir, por su cuenta, que debe pesar más.
Pero, sobre todo, nos gustó por su sentido del humor. Ese que tal vez incomodará a más de uno, pero que le sirve a Pedro Pablo para hacer lo que el buen periodismo debe hacer: cuestionar e interrogar. Y también para atrapar lectores, interesarlos, involucrarlos en los debates y reflexiones que se supone deben dar contenido a una democracia. Debates que bien pueden llevarse adelante con una sonrisa. ¿O no?