El cambio propiamente dicho, no fue taaan traumático.
Hicimos un backup de todos los archivos que valía la pena conservar (y aproveché para eliminar un montón de basura) y decidimos que lo mejor, por el momento, era partir los discos duros para poder tener simultaneamente Windows (con InDesign e iTunes) y Fedora.
Así, en caso de emergencia, siempre podíamos regresar a lo viejo conocido.
Pero la única computadora que ahora funciona de esa manera es la que usamos para labores de diseño, ya que ciertas configuraciones sobrepasan mis capacidades informáticas y hasta el momento nadie ha encontrado una razón para extrañar Windows.
El CD de instalación de Fedora lo conseguí con un amigo, pero cualquiera puede quemar uno después de bajar los archivos de Internet.
Y la instalación es de lo más sencilla. En caso de duda, basta con apretar next, next, next.
Lo que es un poco más complicado es habilitar el sistema para que puede reconocer algunos formatos propietarios como el mp3 (por lo menos en Fedora 10, no sé si en Leonidas también).
Aunque en la red abundan manuales que explican paso a paso los procedimientos, la primera vez conviene tener cerca a alguien con experiencia porque no todo es tan obvio como algunos de ellos creen.
Tal vez sea porque no asume que sus usuarios son unos idiotas, como a menudo pareciera ser el caso de Windows... ¿Quién nunca tuvo ganas de matar al clip ese que aparecía automáticamente cada vez que uno empezaba a redactar algo parecido a una carta en Word?
Ya luego, todo es cuestión de familiarizarse con la lógica y arquitectura de Fedora. La interfaz es de los más amigable, pero ciertas cosas simplemente se hacen de otra manera.
Por eso es buena idea apostar por una distribución en la que uno tenga amigos
Aunque, después de tantas llamadas y correos, me pregunto si Neville no se habrá arrepentido de haberme metido en esto...