Todo empezó con una infección que nos hizo salir corriendo a actualizar nuestras licencias antivirus, a un costo de 130 dólares.
Pero esto no solucionó completamente nuestros problemas.
El antivirus detectó “riesgos de seguridad” derivados de la configuración de Windows de una de nuestras computadoras, por lo que recomendó una actualización.
Pero algo debe haber salido mal en el proceso, porque después de eso la computadora empezó a “congelarse” y “caerse” cada vez más seguido.
Y así, la frustración acumulada terminó convenciéndonos de que ya era hora de una medida radical.
En La Brújula siempre hemos apostado por el software libre, pero hasta la fecha nos contentábamos con usar programas “open source” adaptados a un ambiente Windows, como por ejemplo el paquete OpenOffice.
La razón: programas clave para el proceso de producción del semanario, como InDesign, aún no han desarrollado versiones para Linux.
Y aunque aparentemente existen alternativas interesantes como Quark y Scribus (que nos proponemos explorar), la curva de aprendizaje y, sobre todo, los potenciales problemas de compatibilidad con los impresores nicaragüenses, nos hacían dudar.
Además, aquí nadie es un experto en informática y no nos dejaba de dar miedo "no estar a la altura" de lo que pudiera pasar.
Luego, sin embbargo, caímos en cuenta que la mayor parte de quienes trabajamos en La Brújula no estamos avocados a labores de diseño.
Ocupamos procesadores de palabras y mucha, mucha Internet.
De vez en cuando ayudamos con las fotos, oímos mucha música y ayudamos a actualizar la versión digital.
Y casi todo ya lo hacíamos con software “open source”, diseñado originalmente para Linux.
De ahí a decidir que todas nuestras computadoras, exceptuando las que se empelan en labores de diseño, pasaran a operar exclusivamente en ambiente Linux no había más que un paso.
Y lo tomamos el viernes 5 de junio. Si a alguien le interesa, en este mismo espacio les vamos a estar contando como nos va.