Saltar siete usos horarios en 20 horas de tiempo real me dejaron herido de muerte. No ha sido hasta ahora, un par de días después de salir de Nicaragua, que he podido finalmente superar el cansancio asociado a no dormir por 36 horas - puros nervios - y saltar al otro hemisferio en tres aviones distintos - puro horror. Esta cientificamente comprobado que soy un campesino que no puede viajar como ciudadano del siglo XXI.
Con la percepción alterada por las circunstancias, los primeros dos días de la Berlinale fueron una jornada de emociones amplificadas. Llegué a escasas horas de la ceremonia de apertura. Mientras los VIPs llenaban el teatro principal de Postdamer Platz, los no tan VIPs nos concentramos en teatros aledaños, a los cuales se enviaba en directo la señal digital del evento. Tan cerca, tan lejos. Tilda Swinton y el hilarante director del Festival, Dieter Kosslik, dieron por inagurado los diez días que convierten a esta ciudad en la capital del cine mundial.
El filme de apertura, mostrado fuera de competencia, fue "El Internacional", un thriller con ambiciones taquilleras dirigido por Tom Tykwer. El director es el hijo dilecto de la industria local. El estreno de cada una de sus películas es recibido como un evento, a pesar de que aún sigue luchando por recapturar la chispa vital de "Lola Rennt", la película que verdaderamente lo puso en el mapa.
"El Internacional" es un ejercicio de acción bastante convencional. El hecho de que los villanos de turno son grandes financieros bancarios puede darle algun barniz de actualidad, pero en el fondo es la misma vieja historia del justiciero solitario - en este caso, Clive Owen - luchando por la verdad y la justicia. No tome esto como una crítica exhaustiva de la película. El dichoso jet-lag me hizo cabecear en más de una oportunidad, así que de momento le daremos el beneficio de la duda.
Ironicamente, el filme esta próximo a estrenarse en Nicaragua. Sí, viajé hasta aquí para ver algo que podría ver allá. Pero al día siguiente, pude ver algo único y extraordinario. El la sección de retrospectiva del Festival se presenta una muestra de películas épicas filmadas originalmente en filme 70 mm. El programa incluye a "Ben-Hur", "Lawrence de Arabia" y "2001". Sin embargo, ninguna resulta tan exótica como "La Guerra y la Paz", una exhaustiva adaptación de la novela de León Tolstoy escrita, dirigida y protagonizada por Sergei Bondarchuck. Se presenta en su versión original, en dos entregas de 4 horas cada una, con un intermedio de 30 minutos. 8 horas de puro placer cinematográfico. Y para realzar la experiencia, la exhibición tiene lugar en el Teatro Internacional, un viejo cine ubicado en el lado socialista del muro ahora fantasma. Es un interesante exponente de la arquitectura de la época, cuidadosamente preservado para mantener vigente su vieja gloria. Entre la película y el cine, esto es como adentrase en una cápsula del tiempo.
Hay algo perverso en la idea de venir a Berlin para encerrarse en un cine. Sin embargo, en esta ciudad, ni siquiera así se escapa de la historia. Este sábado regreso al Internacional para la segunda y última parte de esta experiencia única. Ojalá estuvieran aquí para verlo!