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En español la palabra Bilwi significa hojas de serpientes, irónicamente es un tanto comparable con la imagen de los porteños que típicamente nos es presentada por los medios de comunicación tradicionales. Pareciera que la forma correcta de dar seguimiento a esta bella y misteriosa cuidad es cubrirla solamente cuando llega un desastre como Félix, o hay una protesta violenta en las calles, como en Abril del año pasado cuando a Federico Simons le pegan un balazo en la cabeza que lo dejó sin habla y sin poder caminar nunca más en su vida; y a otros 16 muertos. Con estos choques se llega a considerar la idea históricamente recurrente de iniciar de una vez por todas un proceso separatista y tal vez así poder vivir en sus comunidades, regidos por sus costumbres y sin ser objeto de las imposiciones politiqueras.
Verifico que todos los ítems de mi lista están listos y empacados; los que son electrónicos que tengan sus pilas cargadas y sus memorias formateadas, que estén en sus estuches y en la mochila que va como equipaje de mano. Una taza de café… el reloj en la pared lee 4:20 AM. El primer vuelo de La Costeña con destino a Bilwi, sale a las 6:00 AM, eso significa que ahí hay que estar una hora antes para llegar con previa reservación, con o sin el boleto, pesar el equipaje de carga, al pasajero, pagar el impuesto del aeropuerto y esperar en el área de partida ansiosamente mientras llega la avioneta Cesna.
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Bilwi es una cuidad simbólica y la ciudad indígena nicaragüense por excelencia, pese a que hay un buen número de familias krioles y más mestizos todavía, el carácter de la ciudad y su grupo mayoritario son los indígenas mískitus (muchos les dicen miskitos pero en vista de que en lengua mískita, no existen las vocales “e” ni “o”, no creo que se diga “miskitos"). A los mískitus se les ve en todos los ámbitos de la vida en Bilwi, se escucha lengua mískita por todas las calles, se lee en los rótulos de muchos negocios y la mayoría de los topónimos en toda la región son también en mískitu.
Un pueblo con una rica historia que se transmite de forma orgullosa entre las generaciones, con luchas del pasado y del presente que se relacionan entre sí por secuencias de causas-efectos aparentemente interminables, éstas son enfrentadas de forma altiva y sin miedo a tomar las armas cuando se estima necesario. Aquí abundan las historias de piratas que combatían o seducían al rey mískitu, una historia de colonización imposible por parte de los españoles, la provechosa relación comercial con Inglaterra que logró cambiarles la religión y costumbres, también la histórica y triste navidad roja que hizo a este presidente mano de hierro pedir perdón (sólo él sabrá con cuánta sinceridad).
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La pista de aterrizaje ha sido ampliada desde la última vez que vine hace unos años. En un toldo esperan los pasajeros que tomarán esta misma avioneta a su próximo destino, bajamos y vamos al toldo, los trabajadores bajan el equipaje y lo cargan en un bus pequeño que nos llevará al edificio del aeropuerto donde cada quién recogerá sus maletas y llenará papeles de inmigración si no es de por estos lados. En esta ocasión había un médico del MINSA que nadaba en su gabardina blanca, sus guantes de látex eran muy largos para sus manos; parecía tener condones en los dedos por las puntas tipo receptáculos que salían. Parado ahí sosteniendo una tablilla interrogaba a unos cheles sobre si fueron contagiados o no con la gripe porcina.
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Originalmente en donde ahora es Bilwi había un poblado Mayagna (o Sumus, como les decían los Mískitus). Bilwi luego cayó en poder de la Nación Mískita y ahora es un pueblo mucho más multiétnico. El nombre ‘mískitu’ se piensa que pudo venir del español: ‘indios mixtos’ (con genes africanos) o porque ellos eran la única comunidad indígena que tenía armas de fuego, ‘mosqueteros’ ingleses (muskets), también se cree los conquistadores españoles (analfabetas en su mayoría) llamaban ‘moscas’ al grupo chibcha ‘miuska’ de Colombia y Costa Rica y probablemente los asociaron con los mískitus.
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El pueblo tiene un aspecto como del viejo oeste, pero adornado con afiches de las telecom, láminas de zinc oxidadas y flores polietilenas con semiótica de marketing e información nutritiva impresas en láser, la atmósfera es de bosque tropical húmedo, calles prolongadas con aceras repletas de personas que van y vienen como filas largas de zompopos, negocios con ropa color neón para l@s chic@s, arte serigrafío ocurrente en las paredes y rótulos, de repente un ciber, y en el parque gente sentada sobre bancas literalmente haciendo nada, mientras niños de todas las edades se mecen en los columpios, se tiran del sube y baja, o sólo corren de arriba abajo como locos.
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Al lado del Parque Central que tiene una entrada al mercado, llegando casi a El Gallo Más Gallo; está desolado y cerrado con cadena: el Restaurante Wah Mein. Dicen que el chino se fue. Muchas calles no tienen pavimento y son de un color naranja rojizo porque el manto superior de la tierra es de una arcilla que filtra la caída anual de lluvia (2,700-3,300 mm.) a gigantes mantos acuíferos sub-terrestres. Un suelo excelente para la elaboración de cerámicas, un suelo pésimo para el monocultivo y la ganadería, pero óptimo para junglas húmedas con inmensos ríos, kilómetros de frescos pinares y una biodiversidad de las más ricas del planeta.
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La arquitectura es una batalla entre la tradicional casa de madera con tambo y porche y la casa moderna de cemento con porche y bloque decorativo ochentero, muchas veces éstas segundas son echadas a perder por un verjerío excesivo. En medio de terrenos montosos con cercas imperfectas de listones de madera, o maya ciclón retorcida como instalación artística. En el centro de Bilwi hay edificios con diseño doble galería al estilo The Quick and the Dead pero en un puerto de la selva. Los tablones caídos y semicaídos, muchos colores acrílicos cambiados a lo largo de los años, sólo para que la humedad y las temporadas pelen las capas tutti fruti al azar.
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En Bilwi hay un enorme número de colegios privados de todas las iglesias cristianas, que son un montón, y un solo colegio público “El Rigoberto Cabezas” (creo que es el nombre menos sensible que se les pudo ocurrir para un colegio en la RAAN, no me gusta decir que en Nicaragua vivimos en un solo vulgareo pero el MINED no ayuda. Faltara sólo que el escudo del centro sea una mano expresándose ya saben cómo). Entrar es sentir la energía inagotable de los chavalos (que al parecer resemantizaron su alma mater, con bellos recuerdos de inocencia), disparándose por todos lados con sus uniformes azul y blanco, y uno ahí, completamente rodeado por cipotes alegres que quieren saber sobre el forastero.