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La comida costeña es uno de los atractivos más especiales de las regiones autónomas. La fruta de pan, el pan de coco, el rondón, el guabul, las tortillas de harina, el chile de cabro, los Johnny cake (originalmente, journeycake), el queque de quequisque, la cerveza de jengibre y los patty (y muchas otras delicias más) son de los manjares más preciados en la memoria del paladar. La comida costeña es más guisada, horneada y cocida que la cocina del Pacífico (que tiene más platillos fritos). También es comida que llena por horas, un buen ejemplo es el gallopinto con coco que llena más y sustenta por más tiempo que el gallopinto sin coco.
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Los Indígenas Mískitus son especialistas en la caza de carnes de la selva tropical. Las carnes más cotizadas en los mejores restaurantes de Bilwi son la guardatinaja (también llamadas guardiolas, güillas y warí en kriol) y el venado, servidos con arroz blanco, papas o tostones y una pequeña ensalada con repollo, lechuga, tomate, pepino y remolacha. Estos dos platillos pueden o no estar disponibles porque depende de si hubo caza, yo tuve la buena suerte de que en Restaurante El Esteliano tenían guardatinaja fresca de la mañana en la cocina.
El Esteliano ha de ser de propietarios mestizos, las que atienden son una muchacha mískita y la administradora es una mestiza chelita con anillos en los dedos y múltiples cadenas de oro, si no fuera que anda en camiseta la hubiera confundido con una reina persa. El lugar es un rancho bastante amplio con terraza de casi 360º para merendar al fresco, los pilares son troncos de arbol con un grosor entre 6” y 8” pintados en rojo, el cielorraso del rancho es de bambú pintado en verde oscuro, hay una roconola con miles de mp3, monitor y luces neones a C$ 5.00 la canción.
Un tele con noticias, un patio con grama y arena, cajillas con botellas vacías y unas palmeras chaparras. Por sobre las sillas y mesas plásticas en la terraza, diminutas luces navideñas tiñen al cielo de la noche con brillitos intermitentes multicolores. El Esteliano tiene la ventaja de estar cerca al centro de la ciudad en frente del aeropuerto así que también es accesible cuando se desea dar un paseo caminando. La camarera al fin trajo la orden: carne de güilla adobada con achiote y frita en huesos largos de carne similar al cerdo que armonizó a la perfección con el chilerito de cabro, cebollitas y mostaza.
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Hay dos restaurantes que se rivalizan la mejor vista al mar: El Kabu Payaska y El Malecón. Ambos son restaurantes de mayor data que todos los porteños conocen y aman, son los lugares para salir bien vestido el domingo. El Kabu Payaska tiene varias techadumbres abiertas con mesas de mantel a la orilla de un despeñadero enfrente del Mar Caribe y queda cerca de Playa La Bocana. El Malecón tiene un pequeño parqueo pavimentado, más estructura cementa, salas de baile con espejos y luces de disco y varias salas de restaurante y techadumbres exteriores con vista a la playa y al muelle.
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En ambos restaurantes los mariscos son obligatorios, dos colas de langosta al termidor, ajío o empanizadas cuestan lo mismo que un filete de res. También los camarones jumbos son bastante apetecibles o la sopa de mariscos con leche está entre los ítems más atractivos del menú. La degustación es completa en la terraza con brisa caribeña, gaviotas y barcos. La música en el Malecón tiene el volumen un poco más alto de lo aconsejable y en el Kabu Payaska se disfruta más del rugir de las olas. Pese a su reputación de carero, El Malecón tiene los precios ligeramente más bajos que los otros restaurantes.
Para tomar un par de pasos de los esquemas típicos para la langosta en la costa Caribe, está el Restaurante Waspán, un lugar con una barra bonita de madera machihembrada con oscuro barniz y una sala de restaurante pequeña con pilares cementos delgados y corona con ligeros arcos entre cada pilar de donde se suspenden plantas ornamentales y orquídeas. La recomendación de la cocina no decepciona: langosta agridulce.
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También para salir un poco de lo gourmet, está el restaurante Yummy de comidas rápidas, propiedad de un norteamericano y su esposa porteña. Este lugar sirve hamburguesas de estilo diner estadounidense donde el cocinero ve a la gente desde una ventana detrás del mostrador y se luce haciendo bailes y piruetitas mientras cocina las tortas de carne. La alternativa más autóctona de comida casual es la fritanga concurrida en frente del Bongo-Bongo donde una gordita joven y conqueta ofrece el mejor pollo empanizado con tajadas de plátano y ensalada de todo Bilwi.