7:30 AM, despierto en mi habitación en la Casa de Huéspedes El Cortijo en el centro de Bilwi, determinado, con una misión: ir a las playas para disfrutar del mar antes que el sol estuviese demasiado fuerte. Tomo mi desayuno complementario en el hotel, reviso mis correo electrónico (El Cortijo tiene wifi) y salgo a tomar un taxi.
Paro el primer taxi que pasa, el conductor es un mestizo como de mi edad llamado Elvis. «A playa La Bocana, por favor». Arranca el Hyundai y vamos de camino a la playa «¿vos de dónde sos?» me preguntó. «Crecí en Bluefields pero vivo en Managua».
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Llegamos a La Bocana, una playa pequeña y bonita con despeñaderos atrás y a un lado y el principio de humedales y bosques que comienzan con la desembocadura de un riachuelo al otro lado de las altas murallas naturales del precipicio. El taxi se parqueó al final del pavimento donde hay dos juegos de escaleras uno para un muelle chico y otro que va a dar a la playa. A esa hora con la marea baja, la playa de arena amarilla está completamente expuesta. Las olas rugen, se rompen en espuma beige y el agua es súper refrescante. Las gaviotas planean en el cielo. Me senté un tanto a contemplar la magnificencia del paisaje y tomar un poco de sol matutino.
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«¿y ahora?» me pregunta Elvis, que se había quedado acostado en la capota de su taxi viendo unas españolas con cabellos rastas, piercings y ropa hippie. Estaban en una ramada arriba del despeñadero cerca de él. «A La Bocanita» respondí. En el camino observé:
—Clase de chantón
—Sí, todos los Diciembres lo desbaratan y lo hacen de nuevo, son narcos.
—¿En serio?
«El principal está en Tipitapa, modelando. Ellos asaltaban barcos con droga o billetes y fregaban a los otros. Un día se fueron a la casa de un juez en Wawa Bar y mataron a la esposa y a una niña. Como todos los de la comunidad son familia la gente los reconocieron porque en el forcejeo le quitaron el pasamontañas a uno de ellos. La gente de la comunidad se dejó venir a Puerto y les quemaron las pangas en el muelle, una Hilux nuevecita y la casa. Ellos no podían irse en la panga y como los comunitarios los andaban buscando por todos lados, ellos decidieron entregarse a la policía. Vos sabés que ya ahí están presos, pero nadie los va a matar.»
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Llegamos a La Bocanita, una playa mucho menos cuidada que La Bocana y más pequeña pero sin embargo bonita. —Aquí se arma el bacanal cuando todo está ya cerrado en Bilwi, la gente viene a amanecer—. Habían unas pangas de fibra de vidrio y unos pescadores las descargaban y relinchaban como chavalitos. Había basura por todos lados y la entrada no era tan gloriosa como La Bocana, pero me imagino que las mareas no inundan tanto a La Bocanita, considerando que a pocos metros de la playa habían casas que de estar en La Bocana quedarían inundadas.
«A la Casa Museo…» yendo por las calles Elvis me señala un hombre grande que va en una bicicleta y dice: «ése que va allí es de Wawa Bar, le dicen El Águila Negra, Cmdte. de Yatama. Habían dos águilas más: Águila Roja y Águila Blanca pero sólo él quedó, los demás murieron en la guerra. El maje es mezclado con alemanes por eso es tan grande. Viene a Bilwi a comprar cosas y después se va. Nadie se mete con él.
El maje es brujo, una vez lo agarró el EPS, lo estaban torturando, se cansaron, salieron unos minutos y cuando regresaron había desaparecido. El candado seguía cerrado él sólo desapareció. Soltaron perros peinaron el perímetro y era como que él se evaporó. Es malo el jodido, si le ves los ojos siempre los camina bien rojos, dicen que es por la gente que él torturó. Él fue uno de los que iban a matar a Harrington Zelaya y a la Matilde Blair (los asalta-barcos), ya los corta en tuquitos, el bróder no anda con babosadas.»
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La Casa Museo en también uno de los hoteles más atractivos de Bilwi, es de Miss Myrna Cunningham y ha sido una casa heredada a través de las generaciones en esta familia histórica. En Casa Museo hay muchos artefactos costeños como cayucos, muñecos autóctonos y objetos de la historia como máquinas de coser antiguas, banderas de las distintas épocas políticas, obras de artistas consagrados en tuno, pinturas acuarelas hechas por niños y una tienda de souvenir. En Casa Museo es también donde se edita el programa de televisión Agenda Costeña que se transmite en Puerto Visión.
Bilwi es una ciudad donde hay mucho más de lo que se puede apreciar a simple vista. También tiene la particularidad de que a pesar de la globalización retiene un carácter singular que le es histórico. La gente es amable, conversadora y casi no hay delincuencia callejera (aunque siempre hay que ser cuidadoso y se debe evitar andar a solas en la noche). Las personas jóvenes de las distintas regiones del país debemos conocernos entre nosotros para disfrutar de nuestra interculturalidad y también para construir una nueva historia de respeto que sea digna de nuestras esperanzas.