Carlos Villanueva
-Dedicado a mis amigas feministas, Empoderadas. Y a nosotros, los hombres, en vías de empoderamiento. Y a "todes nosotres".
La estrategia es sencilla, mujeres voluptuosas llamando tu atención, creando una atmosfera agradable dentro de la cual está el producto a vender. Las armas para el ataque son las vallas publicitarias y las siluetas femeninas.
Los hombres también somos víctimas de la publicidad sexual, las empresas se basan en nuestra ya de por sí insistente biología de reproducción para: Vender. De pronto se está rodeado por mujeres semidesnudas, pensando en sexo y queriendo comprar todo.
Por el otro lado las mujeres son víctimas de esta publicidad siendo utilizadas como objeto de venta, en las teorías publicitarias es tan efectivo el uso de ideas sencillas como el uso de una mujer, está es un objeto sexual utilizable y altamente efectivo para llamar la atención y crear atracción.
Esta publicidad yo no la definiría necesariamente como machista, sino más como publicidad sexual o publicidad sexista; dentro de la cual se puede utilizar la figura femenina o masculina dependiendo de la sociedad a la que va dirigida. En una sociedad machista (y hedonista) como esta la gran mayoría de campañas publicitarias va a usar mujeres.
Y al final hay un doble problema, un género está siendo utilizado como un objeto sexual para vender, y el otro es acosado sexualmente en su intimidad para hacerlo comprar.
Lo letal de esto es que estos medios, con estos fines, y esta instrumentalización de nuestras anatomías y nuestros deseos es que va quedando en nuestro inconsciente colectivo. Lo cual hace que este fenómeno ya esté adaptado a nuestra cultura, y a partir de ahí es extremadamente difícil cambiarlo. Incrustado en nuestro pensamiento.
Una vez ahí la publicidad puede introducirse en "nosotres" como un "Troyano" en nuestra computadora. La publicidad se repite y repite. Se repite y está en todos lados; noticieros de mediodía, entradas a discotecas con modelos, conciertos con modelo-bailarinas.
Es necesario contrarrestar los efectos de la publicidad en nosotros a través de la crítica escrita, visual, callejera, oral, artística, política.
De esta manera, creo yo, empezará a crearse un discurso ciudadano, y el oligopolio discursivo al que estamos sometidos va a verse golpeado (siempre en dependencia de cuanto trabajemos) por burbujas subversivas pequeñas, muchas, juntas pero no revueltas.