Irlanda Cuadra
Aquel sábado 28 de junio del 2009 como de costumbre lo primero que hice al despertarme fue encender la pantalla gigantesca que adorna mi sala. El primer canal que presione con el control remoto fue el 36, con la intención de “informarme”.
No podía creer lo que estaba viendo, para confirmarlo puse el canal dos, el cual tenía en su programación sabatina dibujos animados. Luego presione la tecla ocho y después diez, y los medios aun no me daban ninguna señal para que yo pudiera creer lo que CNN “quiso mostrarme”.
Ese día me sentí como la primera vez que leí La Metamorfosis de Franz Kafka, que de la primera página no pase en un día, me costaba entender como un hombre se puede llegar a convertir en un insecto.
Cambiaba y cambiaba todos los canales nacionales para desengañarme sin embargo, a las siete de la mañana, aún no miraba en los medios de comunicación de mi país las imágenes de unos uniformados con metralletas, tomando a todo un pueblo que salía a las calles a gritar: ¡Queremos al presidente que Honduras eligió, queremos a Zelaya, queremos democracia! expresaba la gente con euforia, en una de las pocas escenas que logró difundir con objetividad ese noticiero.
Mientras yo saboreaba un delicioso nacatamal esa nación estaba al borde de una dictadura, sometidos y torturados por unos militares jóvenes, en su mayoría, y de la misma raza. Y, ¿dónde estaban mis medios de información cuando ya la noticia se había expandido en otros continentes? ¿Tal vez porque era sábado fueron prudentes?
¡Años antes se tardaron solo segundos en conseguir y difundirle a los nicaragüenses el atentado contra las torres gemelas en Estados Unidos!
Entonces tuve que salir a las calles porque quería realmente conocer lo que estaba sucediendo, no pude quedarme sentada frente al televisor después de haberme enterado que un golpe se estaba dando en mi época: la época de la globalización, “donde la información se obtiene en cuestión de segundos.”
Fui al aeropuerto Agusto Cesar Sandino porque ahí llegaría Manuel Zelaya, proveniente de Costa Rica, país donde lo dejaron los golpistas. Me encontré con la sorpresa que el lugar no estaba repleto como me esperaba.
Fue triste mirar a tan solo cuatro periodistas nicaragüenses de los cuales dos andaban credenciales de Reuters y los otros de medios afines al Gobierno. Había también periodistas internacionales.
Llegó el anochecer. Bajo la lluvia y sin ningún credencial, nadie pudo detenerme para que yo pasará hasta la pista de aterrizaje. Tuve frente a mí a los presidentes de Ecuador, Bolivia y Honduras, quienes desaprobaban completamente por lo que nuestro país vecino estaba pasando.
Presenciar ese acto no fue lo que me deslumbró, fue: haberme comido ese momento que para otros periodistas con más experiencia que yo, no estaban en el lugar quizás porque no se les hizo tan importante cubrir esa noticia, que marcaría la historia de Honduras. Que no es ajena a la nuestra.
Los periodistas llegaron hasta el hotel donde se brindo una conferencia de prensa de parte del “presidente” Manuel Zelaya. La lluvia ya había terminado.