Karla Ocaña y Emila Persola
Trescientos cincuenta millones de usuarios de Internet registra la red social Facebook y podríamos considerar que la gran mayoría la utiliza con los objetivos básicos para la cual fue originalmente diseñada: compartir gustos, memorias y sentimientos entre amigos; a través de fotos, microblogging, notas personales, felicitaciones, videos, seguimiento de un fan o enterarse de eventos sociales.
La campaña de mercadeo en algunos países ha sido tan sugestiva que empezaron a lanzarla bajo el eslogan: “Si no estás en Facebook, no existes”, y con estos enganches algunos usuarios se han entusiasmado tanto al extremo de habitar literalmente en esta red, disfrutando de mil y un juegos como Vampires Wars o criando animales virtuales en Farmville, entre tanto, contestan y componen infinidad de entrevistas para indagar sobre las virtudes humanas, virilidad o desfachatez de los otros.
Facebook es un universo de grandes magnitudes pero su esencia radica en su naturaleza mediática. Una gran autopista de flujo de información fungiendo como un medio entre otros sitios recomendados. Algunos usuarios menos pasivos lo han descubierto y aún violando algunas veces políticas de la red se arriesgan para ir calando entre sus espacios físicos con activismo político y social, que ya ha demostrado en otros países su eficiencia en las calles.
El acceso a Internet en Nicaragua, sin embargo, es tan sólo para un 6% de la población, y el Grupo “Nicas en Facebook” hasta hace unos meses sólo contaba con cerca de 3 mil usuarios, cifra que nos atreveríamos a creer que dentro del país en realidad puede ascender a los 20 mil, si tan sólo hiciésemos un riesgoso cálculo con las comunidades universitarias de León y Managua. No obstante, esos datos igualmente confirman que Facebook en Nicaragua continua siendo una red limitada para considerar que responda a un efectivo activismo ciudadano.
¿Pero qué pasa? Muchos jóvenes conociendo esta realidad y motivados por la situación política actual del país, no parecen desalentarse, y por el contrario, es en Facebook donde han encontrado definitivamente un espacio para promover causas que desde hace un tiempo les ha sido vedado en las calles y en algunos medios de comunicación. En ese sentido, para algunos desde sus cómodos asientos reclinables, ellos han fracasado, pero esta realidad quizás no sea tan desalentadora, puesto que un grupo de varios miles de jóvenes con acceso a Internet tienen algo vital para sí, una posibilidad de elección sobre la información que les abruma, un alcance a la herencia de la arqueología humana o a archivos de la historia en sus múltiples versiones.
En esa línea, el periodista Sabino Bastidas nos recuerda que hay dos dimensiones de la red: Internet como fuente de información e Internet como medio de comunicación. Ambas dimensiones son democratizadoras: Internet como fuente de información ayuda a tener una ciudadanía mejor informada, con datos, con más detalles, con acceso en tiempo real a los procesos políticos; e Internet como medio de comunicación, que rompe con el papel tradicional de los medios, construye nuevas redes y crea formas nuevas de relación, en principio, más horizontales.
En Nicaragua se manifiesta entre los jóvenes un interés por una nueva cultura política y quizás es aún desperdigada, fragmentada y amorfa, mas no por eso dejan de ser excluidos del secreto a voces de que las redes en algún momento empezaran a modificar e inaugurar una nueva forma de acción y de protesta ciudadana que innovarán la manera de interactuar con el poder; como ya lo logran hacer en México las comunidades de twitteros, como ya lo hace la oposición en Venezuela o en el lejano Irán. Por eso, no es de subestimar el operar en las redes de los activistas nicaragüenses, que para algunos han fracasado; y para otros… se entrenan.